miércoles, 8 de septiembre de 2010

BEATBOXING vs TAFFANEL

El curso pasado estando en el Conservatorio Superior de Córdoba un alumno de mi clase de cámara, flautista, me comentó que acudía a la I Convención de la recién creada Asociación de Flautistas Españoles. Comentamos alguna cuestión acerca de ésta, y en un momento dado me dijo que una de las actividades que más le apetecía presenciar era un taller de "beatboxing" que allí iban a impartir.

Esto me hizo pensar acerca del tema. Evidentemente yo ya conocía (como la mayoría de flautistas) a Greg Pattillo por sus videos de youtube. Un compañero de otro conservatorio me los había enseñado y ambos habíamos echado unas risas viendo su versión de "Pedro y el lobo", o de "El inspector Gadget"; como curiosidad o rareza tenía su gracia. Pero el interés del alumno por el beatboxing encendió una luz de atención en mis esquemas flautísticos (que probablemente deben estar muy desfasados).

¿A un alumno de un Superior (era un alumno "normal", de nivel medio) le llamaba más la atención el taller de beatboxing que, por ejemplo, los conciertos de flautistas eminentes o las clases magistrales de otros tantos?

Hace unos días el excelente blog laflautatraveseradesdelabarrera (cuyo enlace podéis encontrar a la derecha), publica unos de los últimos videos del tal Pattillo. Y he vuelto a pensar en el tema.

Vaya por delante que Pattillo como cualquier otro flautista me merece el mayor respeto. Sea cual sea su visión estética, flautística, personal. Veo que su formación es eminentemente clásica; realizó sus estudios superiores en el Cleveland Institut of Music con Joshua Smith, y ha trabajado algunos meses como primer flauta en una orquesta china (Guangzhou Symphony Orchestra). Esto me hace pensar que sus pretensiones primeras no debían de ser muy distintas a las de cualquier otro flautista que dedica años a seguir un plan de estudios convencional y recibe varapalos de audición en audición. El desarrollo de la faceta por la cual le conocemos lo desconozco.

Una vez expresado mi respeto a lo que él quiera hacer, sus videos youtuberos me parecen graciosos como broma (cuando hemos tocado miles de veces el solo de "Pedro y el lobo", una lectura friki tiene su punto, y el efecto del beatboxing puede ser atractivo en sí), pero como dice el refrán, lo poco gusta y lo mucho cansa.

Resulta que lleva publicados ya más de 50 videos. El que inserta laflautatraveseradesdelabarrera es una especie de single de un trabajo mayor (PROJECT se llama), en el que hay una mezcla de estilos entre jackass (esos videos gamberros en los que algunos pandilleros van haciendo o haciéndose trastadas para provocar la risa), la tradición hippie americana y el rap (que es el marco en el que el beatboxing vocal se desarrolla). Supongo que me falta un sentido del humor más anglosajón para captar todo su sentido. Tradicionalmente esta civilización ha tenido una mayor facilidad para parodiar sus referentes culturales (entre otros). Supongo que dada la dificultad de los músicos españoles para acceder a esos mismos referentes no desarrollé esa cualidad.

El archifamoso e hiperadmirado Emmanuel Pahud tiene también subido en internet un video del concierto de Mozart (sancta sanctorum del repertorio flautístico), con el Ensemble Haydn de Berlín dirigido por su compañero berlinés Hansjörg Schellenberger. Este video ha sido visto a fecha de hoy 13.994 veces. El concierto en re, tocado por él en Estambul junto a la Filarmónica de Berlín y dirigido por Mariss Jansons se ha visto en 4.887 ocasiones. Su video más visto ha sido si no me equivoco, una interpretación de la Courante de la Partita de Bach (53.241 veces).

La versión del Syrinx de Debussy por Sir James Galway se ha visto 207.341 veces. Rampal llega a 58.892 visionados de su 2º movimiento de la sonata de Poulenc. Y otros "dioses menores":

-Sharon Bezaly tiene un video con 26.808 visionados.
-Alain Marion tocando el re mayor de Mozart, 3.979.
-Jacques Zoon tocando la sonata en sol menor de Bach, 770 reproducciones...


Pues bien, solamente su versión de "El inspector Gadget" Pattillo ya ha sido vista en.......21.948.293 ocasiones (si, veintiún millones y pico, mucho más que todos los grandes flautistas juntos), "Pedro y el lobo" 2.306.077, "Super Mario Bros" 17.366.066.....

Imagino que el tal Pattillo debe tener una agenda completísima y sólo cabe felicitarle por haber asegurado su existencia flautística gracias a una ocurrencia como esta. Ya protagoniza también algún dúo con Robert Dick, y una de sus últimas aportaciones es la première de un concierto para beatboxing flauta y orquesta de cuerdas, cuyo autor es un tal Randall Woolf bajo la dirección de Ransom Wilson, otro flautista virtuoso estadounidense. En este concierto ("Native tongues" se llama) se presenta bajo un aspecto mucho más academicista o clásico, y elude todos los referentes tan paradigmáticos en el resto de su trabajo.

Volviendo al principio de mi reflexión, ¿qué es lo que hace tan atractivo para una masa tan enorme de espectadores esta mezcla de referentes contraculturales?. Pero sobre todo, ¿hay algún rechazo instintivo por la herencia cultural?

Para no centrarme excesivamente en nuestro flautista, estas preguntas también me las he planteado con otros fenómenos mediáticos. Películas, libros, multitud de programas de TV...trabajos todos ellos en los que la aportación no es la construcción o la transmisión sino la deconstrucción de los esquemas recibidos. Es una especie de catenaccio cultural, en la que es más importante la destrucción de unos determinados modelos que la proposición de nuevas formas.

No creo que sea sospechoso de un excesivo conservadurismo estético. Conozco y practico todos los efectos sonoros de la música "actual" y las obras de la más estricta vanguardia. Desde hace años toco en distintos grupos de música contemporánea, he participado en diversos talleres de composición para jóvenes autores y he tocado en muchos festivales específicos de este ámbito. Pero creo que el fenómeno del que hablo no tiene nada de contemporáneo, actual o vanguardista, pues de hecho las piezas son versiones de obras ya escritas, o creaciones que redundan en el efecto mismo pero sin una mayor pretensión musical.

La duda me asalta cuando, como profesor, me enfrento a la realidad de que a un alumno (uno o miles?) le atrae más este detalle que las propuestas que yo le presento.

En este aspecto las cuestiones son múltiples, las preguntas me asaltan y cada una es más inquietante que la anterior, pero todas orbitan alrededor de las teorías de la comunicación (de las que soy un perfecto desconocedor, pero puedo intuír). Y evidentemente la comunicación es el fondo mismo de nuestro trabajo, bien como profesores o como intérpretes.

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