jueves, 3 de noviembre de 2011

Críticas discográficas. Disco de Schoenberg con Zahir Ensemble (Revista Scherzo)


Santiago Martín Bermúdez. Revista “Scherzo” Octubre de 2011
Durante mucho tiempo se consideró (consideramos) que la suspensión tonal, o emancipación de la disonancia, o victoria del total cromático, esto es, lo que se llamó atonalidad, tal vez con incorrección, era la meta de la música del siglo XX. No de una escuela o tendencia, sino de todo el siglo, y que la vanguardia vendría a ampliar las cosas. Según eso, entre las obras de Schoenberg, el profeta de si mismo y realizador de la buena nueva, la Sinfonía de cámara op. 9 es como el Bautista de, por ejemplo, los Lieder del ciclo de Jardines colgantes op. 15, entre los que hay cosas tan potentes como el Segundo Cuarteto, algunas de las Piezas orquestales op. 16 Erwartung. Obras indiscutibles, ¿verdad? Hoy escuchamos el Op. 9 incluso con agrado, lo que ya es mucho decir en Schoenberg, cuyas obras suelen abundar en aristas. Webern la redujo a quinteto con flauta, clarinete, piano, violín y violonchelo, fórmula que parece gozar de predilección hoy día. Eran los tiempos de la Asociación. administrada con eficacia y pasión por Berg; en ella lo mismo se transcribían valses de Johann Strauss hijo que se tocaban piezas de Debussy. Reger o Bartók, entre otros. Y se hacían transcripciones como esta. Y así los vieneses se defendían entre si, a falta de que lo hicieran otros. No duró demasiado aquella Asociación de posguerra. De algo después a su desaparición es la Suite op. 29, una de las muchas muestras del respeto de Schoenberg por las formas clásicas, otra obra que hoy escuchamos sorprendidos de que esto pudiera sorprender tanto. Por cierto, hay en ella varios momentos que desmienten cierta leyenda: no se pueden repetir notas en una serie dodecafónica. El Op. 29 lo es. También es otra cosa: música diáfana. “No es que mi música sea demasiado moderna, es que no la tocan bien” (cito de memoria). Puedo imaginar a Schoenberg oyendo al Zahir Ensemble, puedo imaginarlo conmovido: “era eso, era eso”. Porque la gran aportación de estos registros es la claridad de la secuencia. No es paradoja decir que cuando un conjunto está desafinado o tocan fuera de compás o fuera de sentido la música atonal o serial sufre. Muchísimo. Y los que la escuchan, aun más. Con el Zahir Ensemble, grupo de origen sevillano capitaneado por el sanluqueño Juan García Rodríguez, parece cristalina esta música considerada difícil todavía hoy. García Rodríguez ejerce en la Bastilla como director asistente, y dirige el Festival de ópera de bolsillo de Salzburgo. Del virtuosismo de los ocho músicos que tocan en este excelente concierto grabado en Alemania y de la altura de su director no cabe más que expresar admiración. No hay más remedio que recomendar con calor este disco.


Juan Berberana Ritmo, November 2011
Cuando parecía que Naxos había dejado en manos, casi exclusivas, de Robert Craft la progresiva grabación del catálogo de Arnold Schönberg (algo, en algunos casos, claramente cuestionable), el sello blanco nos sorprende gratamente con esta grabación del grupo Zahir Ensemble. No solo destacan las excelentes prestaciones del conjunto hispalense (al menos en su génesis) y de su director Juan Carlos Rodríguez, sobre todo en el Op. 29 (lo digo por la dura competencia), sino también la oportunidad de grabar la Sinfonía op. 9 (1906) en la versión reducida que realizó Anton Webern en 1923 (apenas cinco instrumentos). Solo recuerdo otra grabación del Nash Ensemble para Virgin. Una versión (la de Webern) que lleva los genes de síntesis, del discípulo, a una pieza donde todavía se respira el atardecer del romanticismo. Realmente interesante. Creo que este disco es la presentación en grabación del Zahir Ensemble. Seguro que no será la última. Nuevo éxito de promoción (colabora también el Ministerio de Cultura) de Naxos.

 Stephen D Chakwin Jr American Record Guide, January 2012
These players are skilled and polished. Their performance of the Suite is the best since Atherton and about as good as I can imagine. The sheer buoyancy of the playing in the overture and the variations and the, heaven help us, dance-like feel to II and IV are a delight. Zahir plays the piece in the Webern arrangement for flute, clarinet, violin, cello, and piano; and, for the first time in decades of experience listening and performing this work, I did not feel that the arrangement was a poor substitute for the original. The tempos are swift, the playing is superb, and both the bright and dark sides of this masterpiece are perfectly presented. The sound is lovely—clean and honest like the performances. This is a classic: a fine introduction to Schoenberg for people who don’t know his music and a great treat for people who know and love it. © 2012 American Record Guide Read complete review on American Record Guide online

James H. North Fanfare, November 2011
There have been a good many recordings of the Suite, but most have disappeared from the catalog. There remain fine ones by Pierre Boulez and Robert Craft, but my favorite has been a 1970s recording played by members of the London Sinfonietta, led by David Atherton, on a Decca disc. This performance by a Spanish ensemble puts them all to shame, with its brilliance, grace, and humor. All of which is aided by a startlingly vivid recording. I’ve played this CD three times now, and I’ve been glowing and smiling broadly the whole time. What an enjoyable disc!

 Phil Muse Audio Video Club of Atlanta, July 2011
In an always-stimulating program of two major works of Arnold Schoenberg, the Zahir Ensemble under Juan Garcia Rodriguez shows why it has been one of Spain’s national treasures since its founding in 2005 in Seville. The flair and precision they demonstrate in the composer’s Chamber Symphony No. 1, Op. 9 and his Suite, Op. 29 bring both works into a perspective from which we can assess the (very) original qualities of each. Though neither work can be considered an example of Schoenberg’s revolutionary 12-tone techique, the fact that neither has a generally accepted key signature shows that his thoughts were moving in the direction of the chromatic scale as a basis for composition. The Suite is sometimes listed as a Septet, though the problem of coordinating an unusual ensemble consisting of two clarinets, a bass clarinet, violin, viola, cello, and piano, while still maintaining the transparency of authentic chamber music, has usually led (as here) to the necessity ofr a conductor. The members of the Zahir Ensemble display a definite zest for the piquant qualities of a work that manages to simultaneously pay tribute to the received ethos of the previous era in music and playfully thumb its nose at it. The Ouverture, for example, is based on the rhythms of the Ländler, an Austrian folk dance that hadn’t been accustomed to such hectic treatment, and the second movement, Dance-steps (Tanzschritte) plays like an clever send-up of a Polka. The third, Theme and Variations, has unexpected spots of pure lyricism in the interplay of the clarinets and the strings. The finale is a Gigue with unflagging energy and a scintillating coda to wrap matters up. The Chamber Symphony is one of Schoenberg’s finest works, and it gets de luxe treatment here. It is a beautifully crafted work in which all the elements of a symphony (introduction, first movement exposition, scherzo, slow movement, and a finale with an impetuous coda) are telescoped to little more than 20 minutes in the form of a continuously unfolding single movement. The lyrical element is abundant here in the arrangement Anton Weber made for flute, clarinet, violin, cello and piano of the original 15-instrument work, a move that highlights its expressive beauty.

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