sábado, 10 de noviembre de 2012

PHILIPPE MANOURY: JUPITER 1ª parte.





Philippe Manoury es uno de los grandes compositores franceses vivos. Nacido en 1952, su trayectoria es bastante peculiar. Estudió piano privadamente con Pierre Sancan, aunque fue rechazado en la clase del Superior de París de éste último en dos ocasiones. Pese a este rechazo (o gracias a él) Manoury comienza una tempranísima carrera como compositor gracias a la obra para piano Christophonos compuesta a sus 19 años y que le sirvió de tarjeta de presentación entre el mundo de la composición actual. Su interés por la relación entre la música y la informática y la matemática le llevaron a intentar el acceso al Superior de París de nuevo, esta vez en la clase de composición de Ivo Malec y Michel Philippot. Siempre se situó ajeno a las tendencias principales de la vanguardia compositiva francesa que se debatía ávidamente entre el movimiento  espectralista (con las figuras emergentes de Grisey y Murail) y los seguidores de Messiaen, el gran compositor francés del momento, con quien Manoury  nunca tuvo una relación fluida. Acabados sus estudios en París trabajó en Brasil dos años tras los que regresa a Francia para trabajar en el recientemente creado IRCAM como investigador en el terreno de la interacción entre instrumentos tradicionales y programas informáticos. Su colaboración con el matemático norteamericano Miller Puckette en este sentido les convierte en pioneros en la informática musical, y desembocará en la creación de las primeras obras para instrumento con electrónica en vivo (o en tiempo real), y en el programa informático Max/MSP de realización gráfica de recursos multimedia.

Tras ser rechazado nuevamente su candidatura, ahora como profesor de composición del Conservatorio Superior de Paris, Manoury  es contratado por la Universidad de San Diego, en los EEUU, donde actualmente enseña composición, análisis y procesamiento en tiempo real de la señal.

Precisamente la particularidad del aspecto compositivo en el que trabaja, hace que sus obras sean difíciles de interpretar, pues a la dificultad técnica de la ejecución puramente instrumental hay que añadir la de contar con el soporte informático y de un técnico que se encargue de la realización de la electrónica en tiempo real.

La relación de la flauta travesera con la electrónica es bastante fructífera desde las primeras piezas que exploraron esta combinación. En el repertorio de la flauta figuran ya obras que se han hecho un hueco por mérito propio como "Musica su due dimensioni" de Maderna, "Das atmende Klarsein" de Luigi Nono, o "Explosante-fixe" de Boulez. Pese a su diversidad estética, instrumental o cronológica, queda claro que la flauta ha gozado de una atención importante por parte de los compositores, desde los primeros intentos de crear música con ayuda de instrumentos electrónicos.

No hay apenas trabajos específicos acerca de la música para flauta y electrónica. Este es un terreno bastante incipiente, extremadamente heterogéneo y en continua evolución, y los principales libros sobre la flauta navegan (o naufragan) en este tema pues se debaten entre la generalización de los estilos menos "cultos" (como el jazz, el folk o el rock,) que también utilizan medios electrónicos para procesar de un modo u otro el sonido de la flauta. No pretendo aquí y ahora hacer un trabajo exhaustivo acerca del tema, pero sí me gustaría presentar un autor u una obra que me parecen de una importancia muy significativa en el futuro de la flauta travesera.

La electrónica se ha utilizado en diversos sentidos combinada con instrumentos acústicos. El primero de ellos es el que utilizaría  sonidos grabados que se combinan con una organización determinada junto a una interpretación en vivo. Es uno de los usos más clásicos del recurso, pero no aporta necesariamente una novedad en el sentido compositivo, pues se utiliza más como una aportación sonora novedosa o sugerente. Las posibilidades técnicas de trabajar en estudios con sonidos pregrabados, o incluso crear bandas con sonidos "puros" de laboratorio, desarrollaron un amplio repertorio entre el que se encuentran obras como la ya mencionada "Musica su due dimensioni" de Maderna, y otras como su "Don Perlimplín" (una obra radiofónica en la que la flauta desempeña un papel teatral protagónico combinada con voces tratadas electrónicamente), u obras tan importantes como las de Bryan Ferneyhough "Carceri d'invenzioni IIc" o "Mnemosine".

Sin embargo la utilización de elementos electrónicos pregrabados supone la alteración de un parámetro elemental en la interpretación musical como es la aleatoriedad en la ejecución. La existencia de una (o unas) lineas pregrabadas e inalterables a la impresivilidad de la interpretación en vivo condicionan de modo crucial la ejecución, pues el intérprete se ve sometido a un encorsetamiento que resta una parte esencial de la música misma. De ese modo un recurso que amplia la capacidad expresiva de la composición musical por medio de elementos novedosos en la paleta de recursos sonoros, se convierte en un obstáculo para la libertad interpretativa y auditiva de los intépretes y los auditores mismos.

Uno de los mayores anhelos fue por tanto el posibilitar la utilización de elementos electrónicos en la interpretación musical, que entablasen un verdadero diálogo musical con los intépretes, y en este sentido la obra que presento es de una importancia crucial.

El contexto ya descrito del IRCAM en la década de los 80 del siglo pasado convoca a varios personajes fundamentales para el desarrollo de la electrónica aplicada a la interpretación musical. En este apartado es preciso destacar al flautista Larry Beauregard, un flautista canadiense establecido en París, en cuyo Conservatorio Superior estudió con Marion y que fue solista del Ensemble Intercontemporain. Desarrolló una flauta a la que aplicó una serie de detectores de altura de sonido que interactuaban con un procesador de sonido, que en principio fue la máquina 4X desarrollada por el italiano Giuseppe di Giugno. Beauregard había trabajado básicamente con el ingeniero Barry Vercoe en el desarrollo de un ordenador que era capaz de seguir la interpretación de una determinada pieza atendiendo a las variables de tempo, incluso a pesar de los eventuales errores del músico. El invento de Beauregard fue superado con los avances técnicos, y posteriormente los programas informáticos serían capaces de reconocer un texto musical sin la necesidad de los sensores de afinación que él había adaptado a la flauta. Su trabajo, sin embargo, sirvió de inspiración para el desarrollo de estos sistemas, y lo que es más importante, para la composición de las primeras obras en las que un instrumento en vivo interactuaba con el ordenador en tiempo real. No en vano "Jupiter" de Manoury fue dedicada a su memoria. La importancia de Beauregard en el panorama flautístico contemporáneo es capital, y el recorrido que llevó a cabo en su corta vida solamente deja entrever la pérdida que supuso para nuestro instrumento. Fue dedicatario, además de "Júpiter", de obras como "Mémoriale" de Boulez (un fragmento de "explosante-fixe") o Requiem 21.5 de Tim Brady. Su prematura muerte a los 28 años de un vertiginoso cáncer detectado pocos meses antes, le impidió seguir ese trabajo y ver el resultado musical del mismo. Su "heredero" flautístico en este terreno fue especialmente Pierre André Valade, quien más tarde sería una pieza fundamental en la creación de otra pieza imprescindible del repertorio para flauta(s) y electronica en vivo como es el "Explosante-fixe" de Boulez.



                                   
                              Barry Vercoe y Larry Beauregard experimentan en un 
                                     estudio la interacción entre el intérprete humano y el 
                                     ordenador en el IRCAM en 1984.



Sobre esta base, Manoury y Puckette comenzaron a evolucionar los primeros programas 4X, abarcando otras variables de la interpretación musical más allá del seguimiento temporal que la máquina podía hacer de la partitura. De ese modo otros parámetros como la intensidad, el espectro armónico, o el timbre del instrumento se convertían en objetos reconocibles y "manipulables" por medio del ordenador y de los programas informáticos. La electrónica se convierte así en un actor más, y se puede establecer un diálogo real entre el músico y la máquina, que ya no se atañe al seguimiento estricto y preestablecido por parte del primero de una secuencia temporal inamovible, al estilo de todas las piezas que incluyen una parte realizada previamente en estudio.

Esta es la génesis de "Jupiter", que Manoury compuso en una primera versión en 1987, y de este modo y en palabras del propio compositor, es la primera obra que conjuga la interpretación de una parte musical en vivo con el acompañamiento musical de un ordenador que reconoce y procesa todo el material sonoro que el flautista va ejecutando en el momento.




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